viernes, 19 de septiembre de 2008

CINE Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Publicado hoy en "El Diario Vasco" de San Sebastián.


Estos días, poco después de finalizar el festival de Cine de Venecia y antes de comenzar el de San Sebastián, se ha producido una polémica sobre el papel que cumple cierta crítica de cine en determinados medios de comunicación generalistas. El debate surge a raíz de un comentario despiadado realizado por el crítico de cine Carlos Boyero a la última película de Abbas Kiarostami y por las formas en las que este periodista, en ocasiones, ha despreciado a un determinado grupo de cineastas, tratándolos de tarados, cursis, esnobs y plastas.

En un escrito dirigido al medio en el que colabora, profesionales y aficionados han denunciado cierta retórica de compromiso con el cine de algunos medios de comunicación que aunque apoyan, de tarde en tarde y a modo de pequeño detalle redentor, algún asomo de diversidad, se dedican sobre todo a sostener y publicitar la producción cinematográfica más acorde -salvo las excepciones de rigor- con el dictado mayoritario de los ejecutivos de Televisión y los intereses de aquellos productores, distribuidores y exhibidores que determinan el destino del cine. Es habitual leer en las primeras páginas de los periódicos noticias referidas a las grandes estrellas del celuloide, ver en las cabeceras de informativos de TV estrenos de films producidos por las grandes major norteamericanas o escuchar programas radiofónicos dedicados a la propaganda y publicidad de aquellas películas que invaden las salas de cine, dejando escaso margen a los productos menos espectaculares o a los trabajos más arriesgados, que tienen problemas graves de distribución al no encontrar un hueco en las salas de exhibición.

Es evidente que la industria del cine ha encontrado en los medios de comunicación una alianza muy acorde a las necesidades estratégicas de sus respectivos modelos de negocio. La conjunción de ambos configura un panorama informativo donde la mayoría de las veces el mercado del ocio y el entretenimiento se suma al de los grupos mediáticos más poderosos. Se trata de vender productos estándares, convencionales, de fácil consumo y rápida digestión, derivados de la repetición incesante de clichés y tópicos visuales.

Como nos recuerda George Steiner, de este modo, se impone: "un modelo de cultura visual veloz, calculado para generar un impacto máximo y una obsolescencia instantánea", que además impide la formulación y desarrollo de otros que no están sujetos a esas estrategias de neutralización y banalización del poder de las imágenes. Determinadas idealizaciones producen enajenación y por tanto imposibilitan otras reinvenciones. Jacques Lacan ya se refirió al concepto de imaginario tanto a la capacidad para formas imágenes como al efecto alienante de la identificación con ellas.


Santiago Eraso

12 comentarios:

Viejotrueno dijo...

Hay una anécdota del célebre filósofo Wittgenstein, cuando trabajaba como profesor en un pueblo austríaco, según la cual un día se le acercó un vecino inflamado por la proclama socialista y ávido de Revolución que le comentó lo siguiente: que quería cambiar o mejorar el mundo pero que no estaba muy seguro de cómo hacerlo. A esto el filósofo le respondió: "Pues mejórese a usted mismo; eso es lo único que puede hacer para mejorar el mundo"

Aunque semejante cosa puede llevar al solipsismo, viene a cuento porque tal y como lo entiendo ustedes los críticos defensores de ese otro cine, digamos minoritario, se me aparecen como aquel vecino debió aparecersele a Wittgenstein.
Yo no respondería aquello a aquel buen hombre, entre otras cosas porque la pregunta en sí está mal formulada,con lo que también quiero decir que el problema tal y como lo plantean ustedes en esa carta famosa también me parece que está mal formulado.
Ustedes no tienen que cambiar ni mejorar nada, que es el papel que parecen querer arrogarse, formulado desde un elitismo pueril.
No se trata de si el cine que defienden ustedes es mejor o peor que el de Boyero, sino que se trata de que a la mayoría de la gente el cine que ustedes defienden no le interesa.
Ante semejante coyuntura caben dos posturas:
1.El vulgo es ignorante, está alienado y hay que educarlo.
2.El vulgo no es ignorante y tiene lo que se merece, esto es, lo que se han buscado.

Ante la postura 1 caben dos soluciones, una es cambiar a la plebe. Ardua tarea. Es más, peligrosísima tarea de llevar a cabo si nos basamos en la voluntad de unos pocos. Porque para cambiar a la gente es preciso cambiar las condiciones materiales en las que viven, y eso sólo puede hacerse por la fuerza.
La otra solución es cambiar el cine. Es decir, el cine minoritario que quizás podría abrirse un poco al mundo y no vivir tanto en el subjetivismo, la autorreferencia...

Ante la postura 2 cabe preguntarse si la verdadera función del cine no será la de "opio del pueblo", pero no como la entendía Miguel Bakunin -es decir, como se entiende hoy, como opresor del populacho alienador de conciencias- sino como lo entendía Carlos Marx -a saber, literalmente, como "droga" que alivia los "dolores" de la existencia-.

En cualquier caso, y perdón por haberme ido un poco por veredas un tanto retuertas, la situación tal y como la veo es que la carta pretende hacerse valer como bandera de una filosofía del cine.
Pero claro, es que no es la única, y si se entra en esa batalla hay que pensar que desde su punto de vista (el de los firmantes) se van a encontrar con que su filosofía del cine no es la popular, y ante esto corren ustedes el riesgo de erigirse -aún sin querer- en élite intelectual. Y entonces se harán fuertes en su propio caparazón ideológico, en lugar de discutirlo dialécticamente.

Adiós

Vogler dijo...

Tienes razón en muchas de las cosas que dices, pero sin embargo, ¿no crees que intentar mover las aguas para que de la discusión salga un poquito más de luz es positivo?

No creo que la humanidad haya avanzado (bueno, tampoco aquí es lo que se pretende, no vayamos a pasarnos) solo a base de movimientos individuales, los movimientos colectivos han sido básicos en las mejoras que ahora disfrutamos. ¿Por qué no intentarlo?

Por otro lado existe una tercera postura ante la coyuntura que citas

3 -La gente (no el vulgo, porque no creo que estemos despreciando a nadie y la palabra es claramente ofensiva) no es ignorante, pero no dispone de toda la información que podría tener para tomar sus decisiones. Busquemos que esa información salga a la luz para que obren en consecuencia... aunque su decisión sea diferente a la nuestra.

Juan dijo...

Soy un cortometrajista muy del montón y me gustaría preguntarle, como firmante de esta carta, a Victor Erice lo siguiente:

¿Sería posible hoy en día para usted dirigir - exhibir El Espíritu de la Colmena?

Espero que su respuesta me clarifique el panorama del cine español y replantearme en su caso el futuro.

Un abrazo.

Viejotrueno dijo...

Pero señor mío, qué ingenuidad es esta...
usted sabe perfectamente que tal película a día de hoy sería tan ignorada como lo fue (y lo sigue siendo) en su día...

pero es que no se trata de esto, sobre todo teniendo en cuenta que no existe industria española del cine de ninguna de las maneras, y que por lo tanto si hubiera o hubiese algún tipo de oferta del tipo de películas que fueran o fuesen, sería una cuestión absolutamente insustancial dado que
la oferta correspondiente se va por otras veredas.

Es decir, diciendolo claramente:
las películas de Erice, que es un esplendido cineasta, y un privilegio para el arte español, sólo interesan a una minoría.
Por lo tanto poca gente conoce su labor, y consecuentemente mucha menos gente conocerá la labor de sus discípulos, sea esta buena, mala o peor...

Luego pregúntense la gente del cine de españa en qué narices fallan. Porque si lo que se quiere es educar al vulgo (y esto no es un término peyorativo, sino absolutamente descriptivo y neutral, a ver si sabemos a qué etimología nos atenemos) entonces tengan en cuenta las gentes del cine que el nivel cultural de los espectadores no tiene por qué ser el de los creadores. Es decir, empleen una didáctica acorde con el nivel de la gente, si es que les interesa el mundo fenoménico de lo real (cosa que dudo)

Vogler dijo...

Evidentemente, si nos atenemos a la etimología la palabra no tendría que ser ofensiva, pero creo que somos conscientes de que la mayoría de la gente no busca la etimología de las palabras sino su acepción popular ... y esa es claramente peyorativa.

Eso es algo que no dudo que sepa, por lo que, atendiendo a sus propias palabras sobre que el nivel cultural de los lectores no tiene por qué ser el de los escritores, se debería emplear una didáctica acorde con el nivel de la gente.

¿O no?

Letras de cine dijo...

Viejotrueno, el contenido de la famosa carta es muy sencillo. Lo que se critica sobre todo son las formas de Boyero y la política respecto al cine del diario El pais. Pero me centraré en el primer punto: No se critica el gusto de Boyero, sino cómo desprecia aquello que no es capaz de entender o que no le logra emocionar lo suficiente. Como digo, es una crítica a la forma de hacer crítica, no al contenido de la misma. No se intenta hacer cambiar de gustos a Boyero, sino que simplemente razone en sus crónicas y no insulte de forma desmedida, lo cual no tiene nada que ver con su derecho a criticar lo que le venga en gana, incluído Kiarostami.
Por otro lado, evidentemente, los firmantes de la carta tienen todo el derecho de expresar sus quejas y tratar de mejorar las cosas. Conociendo a muchos de ellos, te puedo decir que esta mejora la buscan tanto a nivel individual, como el personaje de Wittgenstein, como ahora colectivamente.

Un saludo

Anónimo dijo...

Señor Viejotrueno: las personas que suscriben la carta a “El País” no han intentado instaurar ningún tipo de cine, ni “elitista” ni “popular” (ya me dirá que entiende usted bajo esos dos conceptos). Y mucho menos constituirse en bandera de una filosofía del cine, como afirma. A mi entender, la verdadera cuestión de todo este asunto se mueve a un nivel mucho más subsidiario, el de la pura supervivencia de una práctica del cine –minoritaria en unos casos y no tan minoritaria en otros muchos- que tiene derecho a existir.

Pero a lo que iba: antes de impartir lecciones, además de meterse a agorero, no estaría mal que midiera un poquito sus palabras. La pregunta que aquí hizo Juan no iba dirigida a usted, pero como su ímpetu didáctico es irresistible no esperó turno y se arrancó dirigiéndose al humilde cortometrajista en estos términos: “Usted sabe perfectamente que tal película a día de hoy sería tan ignorada como lo fue (y lo sigue siendo) en su día.” Se refería a “El Espíritu de la Colmena”, dirigida por Víctor Erice, uno de los firmantes de la carta que ha dado pie a este blog.

Pues bien, dicha película se estrenó en toda España, en salas comerciales, en octubre de 1973. En Madrid lo hizo en el Cine Conde Duque, que tenía entonces más de 600 localidades, y estuvo bastante tiempo –más de dos meses- en cartel. Después, poco a poco, se fue distribuyendo en casi todos los países de Europa y América (incluído Estados Unidos) y también en algunos asiáticos (Corea, Japón). Una muestra del interés que suscitó por todas partes es el hecho de que, por ejemplo, permaneciera en la cartelera de Tokio durante seis meses ininterrumpidos. Como es natural, ha sido también programada por la mayor parte de las televisiones públicas y privadas de todos esos lugares citados.

Desde la fecha de su producción hasta hoy, “El espíritu de la colmena” se ha reestrenado en salas comerciales en muchos países. En España, con copias nuevas, por lo menos en tres ocasiones. Y en Francia, por cierto, sin ir más lejos, el pasado mes de febrero, en París –en dos salas, durante tres meses- y doce capitales de provincias.

La ediciones en DVD de la película son numerosas. La mejor, hasta el momento, es la norteamericana, de Criterion. Pero próximamente habrá una nueva –que anuncia ser la definitiva, dados los ”extras” que ofrecerá- , realizada en Francia. Se trata de una edición especial distribuída comercialmente, pero a la vez integrada en la colección de filmes que el Ministerio de Educación francés, dentro del programa de estudios que se refiere al Arte y la Cultura, pone al alcance de todos los escolares, desde la Enseñanza Primaria.

La lista de premios que ha recibido, desde que en 1973 ganó la Concha de Oro a la mejor película en el Festival de Cine de San Sebastián –fue la primera película española en ganarla- es demasiado extensa para reproducirla aquí.

Señor Viejotrueno, antes de tronar debería al menos informarse –algo que, hoy por hoy, está al alcance de cualquiera- ; sí; usted, a quien tanto le gusta dibujar la caricatura de esos “elitistas” sin remedio –y lo que es peor, solipsistas en potencia- para así más cómodamente criticarlos. Pero está claro que nombrar al ciudadano de a pie utilizando los términos “vulgo” y “plebe”, como hizo en su primera carta, es algo que le retrata a usted y solamente a usted. En fin, prendido como está –de la mano de Wittgenstein, Bakunin y don Carlos Marx- en altos razonamientos, es una pena que, en este caso al menos, no preste atención a algo muy simple pero esencial: el amor a la verdad.

Viejotrueno dijo...

Señor anónimo, tronar lo hacen los truenos, perogrullada que me sirve para decirle a usted que mi intención no es soltar dogmas adornados con retóricas citas a filósofos por aquello de quedar bien. Porque si hubiese leído con atención se daría cuenta que precisamente mi intención "didáctica" como usted dice en tono de reproche -como si fuera algo malo- se basa en ese "amor a la verdad" que también me sustrae usted porque sí.
Lo que yo he intentado de-mostrar es que lo que en realidad reivindica la carta es precisamente esto que dice usted aquí:
"A mi entender, la verdadera cuestión de todo este asunto se mueve a un nivel mucho más subsidiario, el de la pura supervivencia de una práctica del cine –minoritaria en unos casos y no tan minoritaria en otros muchos- que tiene derecho a existir."
Y que esto que dice usted y la carta es justamente lo que digo yo también. Lo que pasa que usted no me ha entendido. Esto que dice usted de ese cine que tiene derecho a existir es lo que digo yo que tiene sus peligros, porque dígame de dónde sale ese "derecho", ¿acaso nos viene dado por el espíritu santo?. No, claro que no, porque no es una cuestión de derechos, es una cuestión ideológica. Usted, como los firmantes de la carta, consideran que el cine que les gusta a ustedes es mejor que el que le gusta al señor Boyero, por razones que todos conocemos también (igual que los argumentos de Boyero también nos los conocemos). Y a partir de ahí hacen una cosa muy dogmática que es considerar que lo suyo es lo verdadero (el amor en exceso también puede ser malo, señor, y si es a la verdad, puede ser terrible, porque la verdad es mala amante, no se casa con nadie), de ahí que usted me diga eso de que el cine que a usted le gusta tiene "derecho" a existir porque usted lo vale.
Pero es que no se trata de eso, como ya le he dicho, se trata de que las películas que dice Boyero que son de esnobs pedantes las ven pocas personas (no me saque esos datos sobre la película de Erice sin contrastarlos con los de películas verdaderamente exitosas y conocidas, no me haga demagogia. Esa película la conoce poca gente, no en abstracto, sino en comparación con el cine digamos "comercial", y ya puede usted pensar en los innumerables ejemplos existentes que es facil). Es decir, que la demanda de este cine que a ustedes les indigna que se trate "mal" en los medios es escasa.
Pero ¿acaso no se da cuenta que esa pequeña demanda es lo que explica el poco seguimiento que se hace del cine de un señor como Kiarostami al que conocen cuatro señores como ustedes?
No les he llamado elitistas señor, digo que su postura corre ese riesgo si es la postura que se corresponde con el contenido de la dichosa carta, porque es una cuestión ideológica en la que ustedes son menos que los "otros", y como toda minoría, cuando cree estar "mal tratada", lo que hace es cerrarse en sus criterios, reafirmarse en ellos dogmáticamente, y considerar que lo suyo es "mejor"


Otra cosa. Sobre vulgo, plebe, etc. haga el favor de consultar un diccionario para enterarse que no tienen por qué ser términos peyorativos, sino que hacen referencia justamente a una realidad que se llaman "clases sociales".
Desde luego son términos mucho más precisos y menos ridículos que esa cosa suya de "ciudadano de a pie", que no se si se refiere sólo a los peatones que circulan por las vías de circulación, que son los que van "a pie"

Josefina Mizoguchi dijo...

Señor Viejotrueno-que-no-truena, por lo que se desprende de sus intervenciones, tal vez nos podrá resolver algunas dudas: ¿cuándo podemos determinar con exactitud si una película es conocida o no, popular o elitista, de una minoría o una mayoría, nuestra o suya? Hábleme usted de porcentajes o de datos, ya que muestra tan altiva seguridad y conoce tan bien lo que gusta a los firmantes y cuál es el cine "minoritario" que defienden, porque si no me confunde con palabras tan vagas como las citadas. ¿Cuándo podemos asegurar que una película tiene poco seguimiento? Usted lo afirma, por ejemplo, a propósito del cine de Kiarostami: ¿hay que tener dos mil espectadores o trece mil para decir que ya tienes seguimiento? ¿Las entradas de "Kiarostami" en google (1.170.000) son muchas o pocas? Bueno, tal vez hay muchos Kiarostamis famosos. ¿O para saberlo tenemos que compararlo con Amenábar? Entonces, ¿cuál es el primer cineasta español, en su lista, que ya no tiene seguimiento? ¿Y qué hacemos con él, le pedimos que deje de rodar? ¿le entregamos un carnet de elitista? ¿Y Kiarostami, por volver a él, siempre ha tenido poco seguimiento, o a veces un poco y otras nada?
Para que se estrene una película o para hablar de ella, ¿cuántos espectadores debe tener y de qué calidad? ¿Es algo que sabe usted, El País o Carlos Boyero? ¿Lo saben antes de que se estrene o después? “En construcción”, de Guerin, creo que tuvo, sólo en cines, más de cien mil espectadores. ¿Es popular o elitista? Al lado de “Honor de cavalleria” parece popular, pero al lado de “Mar adentro”, minoritaria. Bueno, luego se ha editado en DVD (entre otros, por “El País”) y se ha programado en TVE y Canal 33, pongamos pues que la ha visto medio millón más. ¿Son entonces ya elitistas o mayoritarios? Dice usted: “no me saque esos datos sobre la película de Erice sin contrastarlos con los de películas verdaderamente exitosas y conocidas, no me haga demagogia”. ¿Hay que compararla con Indiana Jones y Star Wars, con Gran Hermano? ¿Qué películas dejan de ser “verdaderamente exitosas y comerciales” y, por tanto, ya no podemos compararlas con la de Erice? ¿A partir del quinto lugar de las más taquilleras de 1973 o del sexto de 2008? ¿Y si no lo son, es mejor no hablar de ellas, ni pretender que se estrenen? ¿A partir del séptimo lugar ya son del gusto de los firmantes, o sólo si no se estrenan? ¿Tiene usted el aparato para cuantificar todas estas cosas? ¿Es la taquilla, la audiencia, un invento secreto, las crónicas de Boyero o un talento suyo de visionario? ¿La ley del mercado y su oráculo? ¿Decide la publicidad? Esas películas “verdaderamente exitosas y comerciales”, ¿cuándo dejan de serlo? ¿Cuándo solo obtienen 3.103 euros o 6.107? ¿Quién lo dice y determina, el diario, la taquilla, el ministerio, usted o los firmantes de la carta, o todos juntos y en asamblea? ¿Y Erice, si es minoritario, cuándo podrá ser mayoritario? ¿Nunca? ¿Cuántos directores mayoritarios y cuántos minoritarios hay en el cine español? ¿Podría existir el caso de un cineasta bisexual y promiscuo minoritario-mayoritario? Todas las películas de Hollywood con estrellas y cuya promoción cubre informativamente “El País”, ¿son siempre populares, mayoritarias, exitosas y comerciales? ¿Siempre interesan? Y, cuando no, ¿por qué hablan de ellas? ¿Son mayoritarias si salen en los medios? Por favor, le ruego que sea preciso, marque usted una línea: estas películas son comerciales, populares, exitosas, tienen seguimiento, interesan; a partir de aquí, ya no. De éstas hay que hablar, porque son lo que son y yo lo sé y Boyero y ustedes también; del resto, no. De otra forma yo no veo posible entenderle. Según parece, y por la seguridad con que marca las categorías, no es una cuestión de criterios, sino de datos. ¿Nos regala su tabla para medir el éxito, o conceder esa condición de minoritarias y mayoritarias? Dice de “El Espíritu de la colmena”: “esa película la conoce poca gente”. En comparación a qué: ¿a las de John Ford, Spielberg, Kiarostami? ¿Pocos en mi familia, entre los filósofos, en Extremadura o en Paraguay? ¿Cuánta gente hay que sumar para que ya no sean “poca”? ¿Hacen faltan 11.274 espectadores más? ¿Hay que hacer una encuesta, tiene usted los parámetros? ¿Scorsese siempre fue mayoritario, y Coppola también? Sr. Viejotrueno-que-no-truena, aquí se ha hablado del hecho siguiente, y no hay que ser ni filósofo ni matemático para entender la objetividad del caso: hay películas que se estrenan y otras que no. En la carta se solicita implícitamente que se conceda mayor atención informativa a películas que no se estrenan aquí y sí en otros lugares, y que reciben el interés de la crítica especializada (allí y aquí), pero con mucha frecuencia no de “El País”, que es el medio al que se dirige la carta y las ignora sistemáticamente (¿por desinterés y falta de curiosidad por parte de sus cronistas, por interés comercial?): algunas de esas películas serán verdes y otras rojas, y su recepción será distinta, variable e imprevisible, como siempre ha sido en el cine. Antes de que vaya a los festivales o de su estreno, es muy difícil saber si una película será o no rentable (“Honor de cavalleria” ha sido muy rentable, mientras que “Tirante el blanco” ha sido una ruina), pero de eso tampoco trata la carta. De igual forma, no es posible identificar exclusivamente el gusto o los intereses de todos los firmantes con esas palabras y expresiones (minoritario, elitista, sin seguimiento, con pocas personas, sin demanda, etc.) a no ser que usted sea realmente el espíritu santo y vea lo que nadie es capaz de ver. ¿O es que no hay ninguna ignorancia en los medios y nos informan siempre de todo lo que es susceptible de ser "popular", y esto es algo fijo e inmutable? En ninguno de sus conciertos Mozart alcanzó los 200 espectadores. ¿Es un músico muy minoritario? ¿Qué películas españolas de los años setenta se proyectan hoy en los cines (filmotecas, festivales, etc), en el extranjero, más que "El espíritu de la colmena"?
Entre los gustos y preferencias de los firmantes, habrá películas de todo tipo, pero coinciden en una cosa: por su experiencia profesional (y gracias a la información que obtienen en los festivales, Internet, etc.) han visto muchas películas que aquí se ignoran y opinan que merecerían tener la ocasión de estrenarse, para que el espectador pueda juzgar por sí mismo. Desde luego, cuando el compañero anónimo hablaba de “derecho” no lo planteaba como una cuestión judicial: si no, tal vez acudiría a los tribunales. ¿O es que esos filtros que son, entre otros, la crítica, distribución y exhibición, son neutros y tienen las mismas certezas matemáticas u objetivas que usted? Piense que los firmantes, por su profesión, generalmente si tienen oportunidad de ver esas películas que usted llama, en bloque, minoritarias, así que todo su interés radica en pedir que haya mayor pluralidad en la exhibición, gracias a un conocimiento especializado que comparten con otros profesionales y medios extranjeros. Pero, vaya, una vez las películas son "minoritarias", según usted, lo deben ser para siempre. Y, claro, usted sabe muy bien cuándo una película tiene poca demanda y otros misterios parecidos, y tiene muy claro que aquí hay dos bandos, limpiamente separados, los firmantes de la carta y el resto de los espectadores, a los que les gusta un cine mayoritario y a los que le gusta otro minoritario. ¿Son acaso la alta y la baja cultura, la élite y el vulgo, las dos Españas? Qué manía tienen en reproducir este pensamiento tan rústico y binario (tú me vienes con Kiarostami que yo me defiendo con John Ford, porque si te gusta uno no te puede gustar el otro). Cualquiera diría que se han dejado contagiar por el lenguaje de Boyero y sus acólitos. Por tanto, propongo, ante tantas dudas, que cada vez que haya que estrenar una película o decidir si hay que escribir sobre ella en "El País", se haga una consulta al Sr. Viejotrueno-que-no-truena para que determine con exactitud si es minoritaria o mayoritaria, popular o elitista, si interesa o no. Y si no, que pregunten a los firmantes, y si dicen que nos les gusta, así ya sabremos todos qué clase de película popular es. Nos vamos a forrar. ¿No oye usted ya los truenos?

Viejotrueno dijo...

estimada josefina mizoguchi...
ante este ametrallamiento de preguntas retóricas no tengo nada que decir, dado que la propia forma de la pregunta retórica contiene en sí misma la respuesta.
No he dicho yo nada de cual es la postura que a mí me convence del dualismo que entiendo contiene la carta, porque precisamente considero que (casi) cualquier forma expresiva es válida. No voy ahora a decir aquí cuales son los límites que pienso que delimitan el arte digamos "con sustancia" del "falso arte", porque exponer una teoría del arte (el cinematográfico incluído) aquí me parece excesivo (sería una interesante tarea para el blog, eso sí).
Lo único que he intentado expresar sobre la carta es que justamente su contenido es maniqueo y dogmático, porque tal y como lo veo intenta reducir la cuestión a un "ellos o nosotros". Esto es lo que considero que implícitamente nos dice la carta, de ahí que me produzca cierto repelús, por su contenido altamente ideológico rozando ese "elitismo" que tanto he repetido.
Sólo me he ceñido al texto de la carta, y las consideraciones que he creído oportunas a partir de ella.
Ahora bien, si los firmantes de la carta resulta que consideran que el tema merece más matices, como tú, señorita mizoguchi, entonces por qué la han firmado.
El tema es que si lo que se quería decir de principio era otra cosa entonces esto es un fracaso de reivindicación. Y si no, me remito a lo ya dicho...pero en cualquiera de los dos casos sigue pareciendome una carta desafortunada.

A partir de aquí he estado pensando en soltar un discurso sobre el cine como arte-mercancía, que me temo es el fondo profundo de la cuestión, pero esto excedería con mucho lo que es la carta y este blog. Simplemente digo que es una cuestión de ideologías que se extiende hasta el terreno socioeconómico, y eso sí es analizable objetivamente. Por eso no me vengas con que si tengo yo el secreto o no de cual es una película exitosa y cual no, esto lo sabes tú muy bien (te lo has dicho a tí misma; efectivamente Indiana Jones es puro éxito comercial; El espíritu de la colmena o el sur en relación a esa trilogía pues no, en tanto que mercancía)

Dicho lo cual, después cada ciudadano disfruta de su tiempo libre con lo que le da la gana, aunque seguramente con entretenimientos acordes a su nivel cultural. Cuestión esta que nos llevaría a otra serie de argumentos demasiado largos.

Quede todo esto sugerido y que cada cual saque conclusiones, pero no me haga nadie comulgar con ruedas de molino. Esta carta es lo que es, un enfrentamiento frontal contra un señor determinado y por extensión el medio que lo respalda.
Y si para ello tienen sus firmantes que obviar gustos comunes con el señor Boyero pues se hace (de ahí el maniqueísmo)
y patatín y patatán...no sigo más porque mi postura ya está meridianamente clara sobre este asunto y esto ya es repetirme una y otra vez en una interminable serie de matizaciones sobre lo ya dicho.
Al menos que se haga un poco de autocrítica (y sería bueno aquí que el/los redactores de la carta hicieran una versión extendida de la misma ampliando lo que pueda resultar más dudoso o ambiguo)

Adiós

Josefina Mizoguchi dijo...

Viejotrueno, no se ponga mohíno, hombre. Ha expuesto razonablemente sus comentarios y ha discrepado de manera ponderada y educada. No he querido hacer chanza de usted, pero es que me ha puesto en bandeja dilatarme con esta visión tan binaria de las cosas que tiene (la élite y el vulgo, ellos y nosotros, alto y bajo, las películas con mucho o poco seguimiento, etc). Eso sí, no desdeñe a las preguntas por retóricas: las preguntas retóricas no es que contengan en sí una respuesta, es que no la esperan, y suelen formar parte de un discurso cuyo propósito es hacer pensar, así que yo le invito a que se las planteé un día con calma y ya verá cuánto le dan a pensar sobre esa impresión de “dualismo” que le ha causado la carta y el porqué de esa impresión, tal vez falsa.
Ánimos.
Sra. Mizoguchi.

Viejotrueno dijo...

hablando se entiende la gente...
así me gusta, ¿ve usted señorita?
lejos de mi intención resultar dogmático o simplista, esto no es más que una opinión necesariamente insuficiente dado el poco espacio aquí disponible.

Pero deje que le diga más, estimada señorita (y seré breve, no como acostumbro). En este tema es obvio que, al menos en España, no se como andarán extranjero adelante, el tema Cine cojea gravemente por todos sus flancos. Respeto la intención de la carta, y la defensa de películas de calidad (sin importar de qué género, o de cuanto presupuesto disponen o si son grandes producciones o pequeñas) pero las formas podrían haber sido mejores, no porque sea un texto ofensivo, sino porque creo que se podrían haber puesto los puntos sobre las íes mejor...nada más, un saludo.
espero que esta polémica sirva al menos para plantearse la situación del cine español